La canción del Adiós

Si bien el fuego ya había prendido y pasaban las horas en el último fogón que pasaría como parte del grupo, todavía no caía en lo que estaba pasando. Disfrutaba como uno más, no hacía el click para ponerme a pensar. No había tenido momento para reflexionar y darme cuenta de lo que en verdad estaba pasando.

Pero sabía que en algún momento la piel de gallina aparecería en mí. Y así fue.

En aquel momento donde la mano derecha debió cruzar la izquierda. Cuando tomé a quienes tenía a mis costados. Mientras amigos comenzaban a cantar justamente “La canción del adiós”,  fue allí donde me dí cuenta que yo estaba diciéndole Adiós a mi querido 253.
Todo de golpe. Y esas ganas de llorar. Cantar hasta ahogarme, y separarme unos metros, para poder verlo desde afuera. Para ver eso que te hace sentir este grupo, para darme cuenta todas las cosas que comienzo a dejar.
Que difícil se hace. Por primera vez no cantaba en un final de fogón, porque necesitaba reflexionar. Porque había caído la ficha. El abrazo de alguien que en verdad sabía todo lo que me estaba pasando.

No fue un fogón más, fue el último. Y es difícil hablarlo con alguien, porque pocos lo pueden entender. Acá empiezo a dejar lo que me acompañó toda mi vida.

Es complicado poder asimilarlo, pero todo pasa. Cada cosa va finalizando con el correr del tiempo. Algunos se quedarán para seguir haciendo cosas en el grupo. Yo siento que ya dí todo. Que al día de hoy no puedo dar más nada. Todas las energías allí están. En el kraal. No hay otro lugar del grupo que me sienta tan representado como él. Me voy, quién sabe si volveré. Todos me dicen que saben que pronto volveré a estar ahí. Yo mismo me digo que es lo más probable. Pero también se que necesito extrañarlo. Que me hace falta un tiempo para mí.
También se que hoy no tengo más fuerzas. Dejé todo de mí por el 253 y no tengo más nada adentro mío ahora.

No sé si volveré fisicamente … pero sé que siempre una parte de mí se encontrará allí.
Dame un minuto más para pensar. Estoy seguro que no entiendo nada de lo que está pasando

Santiago Severo
(22/08/2011)

Muchas gracias señor Dios. Muchas gracias señor diez

Nacido en Villa Fiorito, pudo revolucionar al mundo con su gambeta y sus palabras. Genio con la pelota y astuto para declarar, Diego Armando Maradona siempre deja una huella por cualquier lugar donde pase.

Tras una carrera como futbolista que lo coronó como el mejor de todos los tiempos luego de la Copa del Mundo que obtuvo con la Selección Argentina y los títulos logrados en Napoli, el “pelusa” continúo con su vida alejándose de la droga y acercándose a su familia. Con frases que repercuten en todos los diarios, sigue siendo un generador de noticias todo el tiempo.

Se encontró cerca de la muerte, pero todavía tenía muchas cosas que hacer en la tierra. Volvió a vivir y siguió siendo el de siempre, el Diego que conocieron nuestros padres cuando jugaba al fútbol. Regresó a la selección como DT para dirigir a quien dicen que es el elegido para reemplazarlo, Lionel Messi, y aunque no pudo ganar el Mundial, “Marado” sigue siendo el gran ídolo argentino.

Arrepentido por las drogas que tomó mientras se encontraba en actividad porque sin ellas “sabes el jugador que hubiese sido, las cosas que hubiese hecho”. En contra de la mafia del fútbol y de Julio Grondona. El repechaje frente a Australia para ingresar al Mundial 94, sin control antidoping es una de las dudas que introduce en el ambiente.

El 10 aún se encuentra intacto, con la magia para gambetear a un periodista como antes lo hacia con un portero, y con mucha tela que cortar para seguir dejando marcas en el fútbol de hoy.

Gracias Diego por ser argentino

Me pega fuerte

Los golpes que recibimos son para ver si en verdad somos merecedores de lo que podemos llegar a vivir. Nos vuelven a poner los pies sobre la tierra, para no olvidar lo que en verdad nos trajo hasta aquí.

A veces cuesta ya que no los esperas. Una persona se va de nuestras vidas de la noche a la mañana. Parados en la puerta vemos como aquel auto fúnebre se aleja con una parte de nosotros.

No siempre esa imagen es real. Puede ser solo una sensación. Puede que aquella persona no haya fallecido, aunque murió para nosotros.

Cuando es así, aún duele más. Es cuando podemos confirmar que hay vida después de la muerte. Es cuando debemos recordarla de la misma manera que a quien en verdad murió, con los buenos momentos vividos. Pero sabiendo que esta vez si podemos lograr resucitar y encontrar una mejor vida.

Santiago Severo
(17/04/2011)

Messistas vs. Tevistas

Hace unos diez años, encerrado entre estudiantes de periodismo y volcado ligeramente hacia el tenis, creí haberme encontrado con la madre de todas las dicotomías deportivas. Me refiero a la división entre los hinchas de Gastón Gaudio (a partir de ahora, gaudistas) y los fanáticos de Guillermo Coria (coristas, lógicamente).

Para encolumnarse detrás de una u otra corriente, no bastaba con apoyar una idea de juego. La identificación tenía que ver con una estética y hasta con un estilo de vida. Gaudio, descontracturado, algo canchero, talentoso y volátil, agrupaba a los bohemios y a los cazadores de fantasías. Coria, comprometido, laburante, exigente, con mentalidad de campeón, reclutaba a los pragmáticos. Los coristas eran ganadores naturales y recriminaban a los gaudistas: “perdedores”, les decían. La verdad, los gaudistas lo llevaban con cierto orgullo.

La actitud de los tenistas implicados acentuaba las distancias: su manera de vestir, de hablar, de comportarse fuera de la cancha, todo los iba separando. Para colmo, se llevaban mal. La línea que separaba a los partidarios era tan clara, tan precisa, que discutirla resultaba prácticamente absurdo. La antinomia llegó a su pico en la final de Roland Garros 2004, un partido que trascendía ese momento y que, en retrospectiva, parece definir la carrera de ambos jugadores. Irónicamente, acaso, ganaron los perdedores para condimentar una revuelta de algo que ya no volvería a ser tan claro.

Los bandos se mantuvieron, claro, pero el declive progresivo de los dos héroes de entonces hizo que se apagara aquel fogonazo. Desde ese momento hasta hoy no había existido una rivalidad que despertara ese tamaño de pasiones.

Sin embargo, algunos acontecimientos recientes, futboleros y de Selección, revelaron un nuevo par de grupo partidarios cuya diferencia es tan sutil y tan magnífica que invita a estirarla al resto de los ámbitos de la vida. Se trata, nada menos, del os hombres que sostienen a muerte una pasión inagotable por Lionel Messi, y de aquellos otros que adoran hasta el cansancio a Carlos Tevez. Se trata del os messistas y los tevistas.

Términos y condiciones

Algunas diferencias entre Messi y Tevez son evidentes. La cicatriz, Fuerte Apache, All Boys y La Boca identifican la infancia de un guapo criado entre codazos en los potreros: “el jugador del pueblo”. La Masía, Cataluña y un cóctel para las hormonas del crecimiento parecen definir mejor que Rosario, Newell´s o Grandoli la experiencia científica para lograr que no se desperdicie un genio: “el mejor futbolista del mundo”.

Uno es extrovertido, canta cumbia y sale en los diarios con la chiquita de Patito Feo. El otro, tímido, se clava los  auriculares del iPod mientras mantiene cierta reserva en su vida privada. Uno confronta con delcaraciones picantes, el otro elige frases de ocasión. Uno jura que nunca dejaría su club, el otro pasa al clásico rival sin ponerse colorado.

Uno rinde como individualidad, desde el propio desorden que genera en las defensas. El otro se acopla como elemento de mayor valor en el juego ordenado de un conjunto superador.

También parece claro que les cuesta complementarse futbolísticamente cuando comparten la cancha. Excepto en el buen amistoso ante España, Tevez siempre pareció incomodar a Messi. La sensación general es que es roban espacios mutuamente, que chocan más de lo que se asocian y que se entienden poco. Es lógico, porque entienden el juego (y la vida) de maneras distintas. Y esa noción alimenta la tentación de confrontarlos.

Es necesario aclarar que no existe una pelea,una confrontación real ni nada por el estilo entre estos dos jugadores. Lo mejor de cada uno es la estela que dejan en un ámbito social que los idolatra: la diferencia entre ellos no parece ser tan insalvable como la que existe entre sus seguidores. Sin embargo, allí están, cada uno con un séquito a rastra. Los dos despertando idolatrías dispares. Uno por carisma y empuje y gol. El otro por su zurda maravillosa.

La noción de estos dos bandos divergentes se la debemos al cachetazo reciente de Sergio Batista en una convocatoria a la Selección. Para jugar con Portugal, Tevez quedó marginado a pesar de un presente goleador de alto nivel en el Manchester City: ahí está, evidencia. Si uno mira un poquito para atrás, vera que Carlitos tampoco apareció ne el duelo con Brasil. ¿Por qué? Simple: en la cabeza del cuerpo técnico argentina hay un hombre fanático del Barça, admirador de España, cultor del toque, que hace primar al conjunto y que ama la genialidad sin esfuerzo. El Checho, señores, es un mesista por exelencia.

Del otro lado se para alguien como Maradona. Sí, claro. Para Diego, Tevez era titular, incluso cuando todas las evidencias señalaban otros planes. El diez: un hombre sanguíneo, popular, que cree en el peso individual y en el genio luchador, en las agallas, en el temple, en el liderazgo y en el carisma. Un hombre que profesa el culto a lo revulsivo. Diego es, quizás, el tevista máximo. Pero durante su época de DT en Argentina nunca lo pudo confesar. Lo dejó entrever, y con eso se ganó a parte del pueblo.  Pero debió ser messista para ganarse a una mayoría y a un establishment inclinados hacia ese lugar.

Dos hombres, dos estilos

A partir de allí, uno puede entender mucho mejor quién estará de cada lado. Es casi obvio que Guardiola es messista, pero quizá no esté tan claro que Mourinho es tevista. Arsene Wenger, por ejemplo, debe ser messita. También Van Gaal, Cappa y el Flaco Menotti. En cambio, Queiroz, Scolari, Capello, Ancelotti y hasta Carlos Bianchi tienen toda la pinta de ser tevistas.

Entre los futbolistas esto también corre la distinción. Dentro de la misma delantera, por ejemplo, el Burrito Martinez debe ser messista mientras Santiago Silva de lejos, parece tevista. David Ramírez tiene estampa de messista, como Lamela, erviti, Valeri o Menseguez. En cambio, Camoranesi, Pavone y Verón son tevistas. Estudiantes, en general es un equipo muy tevista, y diría que Boca también. Independiente es históricamente messista. Y no es sólo una cuestión de practicidad o estética. explicarlo mejor resulta complicado. Los extremistas de uno y otro lado suelen generar su empatía con los dos modelos a partir del éxito. Está claro que ambos, Messi y Tevez, son efectivos y encuentran la génesis del fanatismo al encarnar un cierto costado de lujo.

Además, es un error quedarse en el fútbol para evaluar el messismo y el tevismo. Incluso es un error reducirlo a un interés por Messi o por Tevez. La característica intrínseca trasciende con creces a los jugadores. Digo, por ejemplo, un hombre que le compra flores a su mujer y la lleva a pasear en el descapotable es tevista, más allá de sus filiaciones deportivas. El messista prefiere pedir comida, quedarse en casa y mirar una película. El tevista hace un asado para veinte (y probablemente invita él), y el messista cocina con receta para un reducido grupo de amigos cercanos. El messista toma vino, el tevista, cerveza. El tevista va al telo, el messista se siente más cómodo en su departamento.

Hay profesiones tevistas, como la actuación, el management y la especialización en cirugía de medicina; y otras messistas, como la ingeniería electrónica, la carpintería o el traductorado de una lengua muerta. Hay políticos tevistas y messistas. Películas messistas y tevistas. Canciones, programas de TV, ciudades … Las categorías son infinitas.

[…]
La realidad es que es imposible ser un messista o un tevista puro. Uno puede reconocer aspectos de ambos estilos en diferentes aspectos de su existencia. No podría explicar por qué. Es un convencimiento finísimo. Me interesa muy poco, porque ahí reside lo mejor. Los invito a seguir categorizando desde esta subjetividad sin pruebas.

Pablo Cheb Terrab
(Revista “Un caño”)

Cuando no sabemos decir adios

Hay que dejar que el viento se lleve algunas cosas de nuestras vidas. No podremos tener todo atado a nosotros o a nuestro inconsciente.  Cuesta a veces dejar que algo se aleje de uno, cuando sentimos que nos pertenece, que nos ayuda a crecer como persona.

Se hace difícil admitir una derrota, pero aún más ver como otros pueden avanzar y dejarnos atrás. Cuando uno todavía se encuentra detenido, intentando darse una vuelta de rosca para volver a poner en marcha el motor, para iniciarnos de vuelta por un camino nuevo y desconocido.

La cabeza taladra demasiado y todo se vuelve extraño.
Más raro es cuando intentamos explicar algo que pasa por nuestras venas.
Pero hay que entender que llegó el momento de cambiar, de ver como aquella persona busca la felicidad en un nuevo ambiente, al cual tu no perteneces, te guste o no.
Me cuesta pero intento admitirlo, y sino lo puedo lograr hoy, quien sabe cuando podré hacerlo.

Por eso desde aquí, te deseo lo mejor para tu vida …

Santiago Severo
(10/03/2011)

 

Nativos de la ciudad

La vida de mochileros no es para cualquiera.
Debes estar preparado para afrontar distintas situaciones, ya que sino al segundo día de tu viaje querrás dejar todo y volver.

La paciencia es indispensable.  Los viajes en micro son eternos y muy incómodos. Varias noches pasas en hostels que no están en buenas condiciones. La mochila casi todo el tiempo está contigo, pesa y molesta. Las duchas que podrás disfrutar no serán las suficientes.
Son varios inconvenientes que debes soportar para disfrutar de la belleza de los paisajes, del contacto con otras culturas.

Cuando recuerdas que naciste y vives en la ciudad, empiezas a disfrutar todo al 120%. Te encuentras en un micro queriendo llegar a un destino pero mientras tanto, ves montañas que cautivan tus ojos, cuando sólo estás acostumbrado a ver torres y edificios.

Comienzas a afrontar un cambio en tu persona. Encuentras el sentido a trabajar 350 días en la ciudad. Para poder cambiar en tan sólo 15.

Santiago Severo
(19/01/11)

Que extraño es no extrañar.

Nadie desea volver a la ciudad, al menos eso dicen. Pero todos un poco extrañan algo o alguien de ese ambiente.

Siempre me sucedió, pero esta vez es distinto. Este viaje me abrió los ojos de una manera poco habitual. Nunca había sentido esta sensación de no querer regresar a mis pagos.
Quiero seguir abriendo caminos, recorriendo rutas, buscando nuevos destinos y aventuras.

No es extraño que no extrañe. Acá te apegas a pequeñas cosas, no necesitas correr, alcanza para que puedas disfrutar cada segundo, sabiendo que mañana será aún mejor.

Transformas el silencio en sonido. Llegas, paras, conoces, duermes y te vas. Un nuevo lugar debes visitar. Te transformas en un nómade del siglo XXI y olvidas por completo la vida que llevas en la ciudad … y de quienes te rodean en ella.

Santiago Severo
(02/02/11)