Echo fuego

Enero se llenó de argentinos, se hicieron plaga.

Apostamos con Nacho que el 2 de enero iban a caer argentinos. Nos habían comentado que en Enero somos como hormigas y todos sabemos que el primer mes del año en Buenos Aires no queda nadie, sin importar el presidente que este y la crisis qe sea, el argentino en enero aparece.

Cuando la cocina cerraba aparecieron siete chicas, con la tonada tan característica que nos permite reconocer que el fernet es su bebida predilecta, y pasaron.

Llegaron otros. Se fueron al Tayrona. Volvieron. Llegaron más. Se empezó a explotar.

Una de esas noches, me volvieron loco. Pidiendo 2×1 inexistentes, pizzas por doquier, descuentos, un poco más de hielo para el fernet y empezaron a encender llama dentro mío, por eso cuando terminé mi turno de trabajo, dejé a unos 25 argentinos dando vueltas por el hostel. No daba más. Agarré una botella de ron y me fui al hostel de al lado con otros 15 argentinos que había conocido y me propuse enfiestarles la noche.

Shot para vos, shot para mi.

Pirámide. 21. Beer Pong. Carrera de caballos.

40 minutos y se vació la botella. Nacho, un amigazo, me cedió otra botella para que pueda seguir haciendo magia, pero el mago se desbordó.

Quedó ciego y recién recuperó la vista a las 8.10 am

Estaba durmiendo en mi cama, con una marca en el brazo, la cual no recordaba como había llegado a mi. Con celular, auriculares, billetera y todo tipo de cosas en mis bolsillos, todo de mi pertenencia. Excelente, un borracho que no pierde nada. Pero tiene una marca en el brazo que no sabe lo que es.

Diez horas antes, después de que Nacho me diera la segunda botella, y siguiera ofreciendo más shots para mi que para el resto, tuve destellos de Lucifer y quise estar al menos un poco más cerca del infierno.

Me volví loco y la pasión por Racing hizo que termine arriba de la mesa agitándola como en el Cilindro.

Y di vueltas por ahí, sin un paso tan firme y tuve la primera caída. La cual por supuesto como todo lo que sucedió en la noche, no recuerdo. Caí en la playa y me llevé un buen moretón en la pierna derecha, que me dejo un poco rengo.

Nacho comento que cuando me caí, me reí mucho y le decía “estoy bieeen, pero no sabes cómo dolió”.

Ya sabía a que se debía mi renguera pero todavía no había aclarado el panorama para mi brazo herido.

Me tocaba trabajar por la mañana y uno de mis compañeros me dio la hipótesis que me había ‘meado’ un animal. Errónea.

Cuando me encontré con Nacho, me exclamó: “te caíste al fuego culiao”.

Dale boludo, es joda? Ósea, esta bien, soy un borracho… pero caerme a un fuego y no acordarme, te parece?

Algunas veces suele pasar que cuando tuviste una gran noche (y te pasaste de copas), hay ciertas secuencias que olvidas hasta que alguien te las cuenta y recuperas imágenes en tu cabeza.

En este caso, todo seguía igual. La última imagen era esa bendita segunda botella en mis manos.

Me había caído a una fogata y ni rastro de ello en mi memoria.

“Has hecho un buen show, danos más noches como ayer”, comentó Javi.

Me cuidaron, intentaron persuadirme pero yo seguía con intenciones de fiesta. El efecto RON me dejó dando vueltas por ahí hasta tarde.

Nunca sentí dolor y me fui para seguir de joda. Revoleé sillas, saque a bailar mujeres y terminé tirado en un sillón dando caricias a un felino.

Lewis quemándome los pelos del pie, como para cerrar una noche hecho fuego.

Si, me quemé de argentinos. Literalmente me prendí fuego. Un borracho quemado (del brazo, no del bocho).

Las risas continuaron mientras el alcohol se mantenía en mi sangre, para luego tomar consciencia sobre lo sucedido.

Sábila, platsul, vendaje y limpieza cada uno de los días posteriores fueron haciendo que deje de resultarme tan gracioso lo sucedido.

Sufrí cada ducha y cada limpieza de tal herida.

Me automediqué con la ayuda de las voces de experiencia.

Siempre me gustó jugar con fuego y un día de tan borracho “creo” que me quemé.

Mi Kolombia

Colombia va llegando a su fin. Llegué con un amigo y con tan solo un mes de viaje en el haber.

Las semanas fueron pasando y los kilómetros comenzaron a acumularse, al igual que las historias y los vínculos.

Me quedé sólo y se sumó mucha gente a mi viaje.

Hoy me toca irme con un nuevo tatuaje, unas cuantas marcas en el brazo, algunas temporarias en el cuello y otras en el corazón. Con una enorme lista de amigos a visitar y también de los que deseas volver a cruzar.

Con 5 meses en el lomo y las ganas de siempre estar arrancando otra vez.

Con canciones y algunos acordes nuevos.

Con tres pelotitas y las ganas de incorporar la cuarta a los divertidos malabares.

Con aprendizajes de esos que hubiese tardado unos cuantos años en comprender en el caso de haberme mantenido en mi zona de confort.

Con la confianza en mi mismo, multiplicada.

Con miles de sueños por cumplir me toca decirle adiós a un país que prometo regresar.

Continuando esta ruta ya sin un compañero a quien mirar y cuidar.

Me voy triunfal de saberme capaz de lograr todo lo que sueñe.

No hay techo. No hay límites. Solo ideales para seguir agrandando el corazón y la cabeza.

Solo hay tiempo. Tan preciado y necesario para conocer maravillosa gente como hasta hoy.

Volveré a cruzarte a vos y a la Colombia.

Santi

(08/02/2019)

Solo el comienzo

A veces pienso en ese día en Guayaquil, empezando el viaje. Con toda la incertidumbre de la soledad, sin saber cómo iba a ser yo con el mundo.

Caminaba solo y miraba la ciudad, ansioso. Con miles de inseguridades sobre mi persona, sin saber si era sociable, divertido, gracioso.

Hoy me veo pisando fuerte en cada nuevo lugar, seguro de mi mismo, sin miedo al estar solo, sabiendo lo que soy y lo que doy al resto.

Era otra vida, esta es una nueva. Donde ya no temo por el hecho de sentirme querido, con la confianza de saberme capaz de ingresar a la vida de quien se cruce en mi camino.

Seguro de cada paso dado.

Hoy me siento realizado y esto recién está empezando.

Todo lo que viene es de regalo.

Yo voy ganao.

Santi

(02/02/2019)

Va a ser tan lindo hacer un puente

Se termina un año denominado de transición. Y quien dijo que las transiciones son malas? Cambié mi vida y eso conllevó un gran transe conmigo mismo.

Dejé el trabajo en Junio con el inicio del mundial que soñaba con Lionel Messi. Dejé un departamento.

Lo vacié. Vendí tele, mesa, sillón. Regalé heladeras, lavarropas, moto.

Me cargué una mochila y salí a tirar paredes con Lean. Dimos vueltas. Renovamos visas. Y me tocó quedarme solo. Me siento vivo. Camino feliz. Le agradezco a Dios todo lo que viví este año. Era un año de cambio, fue un año de hallazgos, superación, de logros, historias.

Me descubrí. Me transformé. Me empecé querer, pero esta vez realmente, no de la boca para afuera. Empecé a darme cuenta que tengo algo de magia, que puedo hacer reír a la gente y que sin darme cuenta termino siendo el cómico de los lugares, con todo eso que me enseñaron mis amigos.

Salgo en busca de unos bongoo con la convicción del negro, pienso en el llevando su super bolso de percusión, y pregunto aquí y allá para poder tenerlos un rato.

Me cruzo con Edward y toda su música, su baile. Y con los días me voy sintiendo parte de esos shows musicales.

Y ese año que era transición se convirtió en magia, en precalentamiento para ese 2019 que pensé hace dos años con el 2018 como año puente.

Que lindo puente.

Santi

(31/12/18)

Día 119

Pasaron cuatro meses desde que este viaje comenzó y hoy fue el momento de decirte adiós.

Las sensaciones que tuve estos últimos días fueron similares a esos días en Buenos Aires, donde en tu despedida también me despedían a mi.

Hoy siento que en tu despedida también me despido un poco yo. Hoy siento que otra vez vuelvo al día 1 porque comienza un nuevo viaje, distinto, donde ya no vamos a estar espalda con espalda.

Tu abrazo me llena de fuerzas para aventurarme una vez más.

Ahora toca hacerme valer por mi mismo. Con todo lo que me enseñaste en este camino, con todo lo que ya aprendí, con la seguridad que la realidad siempre supera lo soñado.

No va a ser fácil caminar sin vos pero siempre vas a ser mi pierna, mi compañero ideal, la locura.

Ojalá te hayas enamorado de viajar, de vivir, de escribir historia. Que sea el comienzo de mucho más. Y que te vuelva a cruzar.

Comenzar a viajar fue más sencillo con un hermano al lado. Me permitió adaptarme y estar aún más preparado para el día que me tocó llegar hoy, donde entre lágrimas me tuve que despedir para continuar escribiendo historia de la manera que más feliz fui y soy.

Viajando.

Que la vida fluya. Yo me adaptaré, sonreiré y seguiré en movimiento

Santi

(20/12/18)

El tercer hogar

Guatapé puede que sea uno de los primeros lugares que vaya a extrañar.

Su vista, su paz, su balcón natural.
El reflejo tan perfecto en el lago.

Este fue nuestro tercer hogar en el viaje y estuvimos estacionados acá por diez días.
Después de las primeras tres noches y con la decisión tomada de emprender camino rumbo a San Rafael, resurgió la posibilidad de quedarnos a hacer voluntariado en la voz de Niki.

“Santi, es bastante relajado el trabajo acá”, ella había estado hablando con Walter y Christian, los anteriores voluntarios que dejaban el lugar y finalmente decidimos quedarnos los tres.

Cuando la mochila ya estaba lista para subirse al carro, hubo cambios de último momento. Es algo cotidiano en el viaje. Hay que estar siempre alerta, porque en cualquier momento todo puede dar un giro y mostrarnos una nueva oportunidad.

¿Qué es lo que había pasado? El día 2 nosotros habíamos hablado con Gustavo, el manager del hostel, y nos había ofrecido que nos quedemos Lea y yo. Así que averiguamos para ver si Niki también podía quedarse trabajando con nosotros.
Al charlarlo con ella, su respuesta no fue convincente. Cinco horas, seis días, sólo un franco en la semana, sin almuerzo ni cena. Mmmm, mucho no le gustó la idea.
la charla terminó con un “you think in your pillot, in one week is my birthday. Only six days we need work and then will leave”

Pero el terreno se lo veía pantanoso. Por eso al otro día, por la mañana, con Lea votamos que hacer y cada uno tenía que fundamentar su voto. Este fue mi voto textual.

Medellín, solo por Niki. Y porque acá no se puede hacer plata, es solo pararu na semana. Si ella queire quedarse, nos vamos a la mierda y la dejamos sola, comoooooo.
Una semana solo.

Ambos votamos volver a Medellín y buscar hacer dinero allá. Así que cuando Niki se despertó, le comunicamos la decisión. Pero todo se transformó al momento de dejar el hostel y que Niki se convenciera para trabajar por primera vez en su viaje.

Al día siguiente, Niki se enfermó. Su cuerpo no toleró el hecho de trabajar, claramente, jaja. A pesar de su malestar, no hubo un día que no trabajara y cumpliera con las expectativas.

Todo lo demás es historia. Cuidarla para que se mejore. Trabajar unas 9hs por día. Conseguir una comida. Ganarse a la gente del lugar. Manejar. Conocer franceses, ingleses, argentinos y más.
Fue una semana entera en un nuevo hogar y al igual que sucede siempre, nos sentimos dueños del lugar.
Pero hoy, que toca irse, desearía que otra vez Niki diga “quedemosnos acá” cuando Lea se levante de la siesta con la decisión de tomar la mochila para seguir camino.

Santi
(27/10/18)

Rumba, salsa y renovación

Han pasado más de dos semanas desde que pisamos tierras colombianas. Tras unos cuantos días de viaje y en pleno movimiento con la mochila al hombro, arribamos a Calí.
Fueron cuatro días rodeados de fiesta. Como siempre conociendo mucha nueva gente viajera.
Las calles de Calí por la noche son desérticas y despiertan cierto temor. La noche del viernes subimos a una chiva, estilo trencito de la costa, y nos llevaron a pasear por la noche caleña mientras el PartyBus nos llenaba las venas de alcohol. Terminando la noche en una fiesta privada en una casa.

Pero Calí pasó rápido y como una simple ciudad para irse de rumba. Nuestro viaje por Colombia comenzó el último día en Calí, el 7 de octubre. Cuando decidimos dejar el hostel para trasladarnos a Salento.

Niki, nuestra compañera de cuarto, también emprendía el mismo camino y se acopló a nosotros junto con un neocelandes para tomar juntos el bus.

Salento fue donde las ventanas que habíamos abierto se agrandaron lo suficiente para poder apreciar tal paraíso.
La primera noche conocimos a Joaco, un argentino que había estado viajando por Brasil seis meses y ahora arrancaba con Colombia.
Para nuestra suerte hablaba inglés, así que se acopló muy bien al grupo junto con Niki y Ambro.

Salento es pura naturaleza. Es salira  caminar hasta que una vista te diga ‘pará’. Mucha de la gente que habíamos conocido en Calí, nos la reencontramos y se generó una linda atmósfera. Fuimos a un coffee tour donde con Lea accedimos a hacerlo en inglés para poder pasar el momento todos juntos.
Demasiado vocabulario técnicopor momentos me dejó recalculando y pensando en las nubes.
Por la noche, hicimos una excelente barbecue para 11 personas. Australianos, belgas, alemanes, todos juntos compartiendo la cocinara para hacer unas 30 hamburguesas caseras.
Más tarde, rodeados de un fuego nos llenamos de risas con distintos juegos. Nuestra amiga Niki empezó a insistir para que agarre la guitarra y generara el típico momento de campamento, con música, fuego y montaña.
Acepté más allá de mi timidez creyendo que alguno más en la ronda iba a poder acompañarme con algunos acordes. Para mi sorpresa ningún extranjero sabía y eso dificultó el tema porque mi repertorio todavía no controla el inglés (todos sabemos que el español tampoco).
Californication pedían los australianos. You’re beatifull, Lemon Tree y más. Nos las arreglamos por un rato a cara de perro junto a Joaco. Un tema cada uno para terminar con los redonditos y el ángel de los perdedores.

Fueron cuatro noches grandiosas rodeados de paz y Niki comenzó a viajar con nosotros de manera definitiva.
Tomamos bus a Medellín junto a los australianos pero al llegar a la ciudad, emprendimos distintos caminos.

Niki es austriaca y habla bastante bien español. Es muy tranquila y le gusta más charlar con varones que con mujeres. Prefiere dormir en cuartos mixtos y compartir momentos rodeada de chicos. Como casi todas las amigas que tengo en Argentina, es un poco varoncito.
Le gusta enseñar su aleman y practicar español. Así que nos ayuda mucho para seguir aprendiendo alemán y practicar nuestro inglés. Formamos un buen equipo; Ambro, el chico neocelandes, compartió unas noches con nosotros en Medellín pero ahora siguió su camino y sólo quedamos nosotros.

Bueno, en realidad, somos nostoros tres y un yankee que se nos pegó para intentar levantarse a ella.
Así que ahí andamos, viajando con un boludo por un rato. El pibe es un aparato que no para de charlar. Pero eso lo dejaremos para otra historia.
Con Niki seguiremos viajando por un tiempo más, probablemente hasta mi cumpleaños o hasta que encontremos trabajo.

Santi
(18/10/18)