El tercer hogar

Guatapé puede que sea uno de los primeros lugares que vaya a extrañar.

Su vista, su paz, su balcón natural.
El reflejo tan perfecto en el lago.

Este fue nuestro tercer hogar en el viaje y estuvimos estacionados acá por diez días.
Después de las primeras tres noches y con la decisión tomada de emprender camino rumbo a San Rafael, resurgió la posibilidad de quedarnos a hacer voluntariado en la voz de Niki.

“Santi, es bastante relajado el trabajo acá”, ella había estado hablando con Walter y Christian, los anteriores voluntarios que dejaban el lugar y finalmente decidimos quedarnos los tres.

Cuando la mochila ya estaba lista para subirse al carro, hubo cambios de último momento. Es algo cotidiano en el viaje. Hay que estar siempre alerta, porque en cualquier momento todo puede dar un giro y mostrarnos una nueva oportunidad.

¿Qué es lo que había pasado? El día 2 nosotros habíamos hablado con Gustavo, el manager del hostel, y nos había ofrecido que nos quedemos Lea y yo. Así que averiguamos para ver si Niki también podía quedarse trabajando con nosotros.
Al charlarlo con ella, su respuesta no fue convincente. Cinco horas, seis días, sólo un franco en la semana, sin almuerzo ni cena. Mmmm, mucho no le gustó la idea.
la charla terminó con un “you think in your pillot, in one week is my birthday. Only six days we need work and then will leave”

Pero el terreno se lo veía pantanoso. Por eso al otro día, por la mañana, con Lea votamos que hacer y cada uno tenía que fundamentar su voto. Este fue mi voto textual.

Medellín, solo por Niki. Y porque acá no se puede hacer plata, es solo pararu na semana. Si ella queire quedarse, nos vamos a la mierda y la dejamos sola, comoooooo.
Una semana solo.

Ambos votamos volver a Medellín y buscar hacer dinero allá. Así que cuando Niki se despertó, le comunicamos la decisión. Pero todo se transformó al momento de dejar el hostel y que Niki se convenciera para trabajar por primera vez en su viaje.

Al día siguiente, Niki se enfermó. Su cuerpo no toleró el hecho de trabajar, claramente, jaja. A pesar de su malestar, no hubo un día que no trabajara y cumpliera con las expectativas.

Todo lo demás es historia. Cuidarla para que se mejore. Trabajar unas 9hs por día. Conseguir una comida. Ganarse a la gente del lugar. Manejar. Conocer franceses, ingleses, argentinos y más.
Fue una semana entera en un nuevo hogar y al igual que sucede siempre, nos sentimos dueños del lugar.
Pero hoy, que toca irse, desearía que otra vez Niki diga “quedemosnos acá” cuando Lea se levante de la siesta con la decisión de tomar la mochila para seguir camino.

Santi
(27/10/18)

Rumba, salsa y renovación

Han pasado más de dos semanas desde que pisamos tierras colombianas. Tras unos cuantos días de viaje y en pleno movimiento con la mochila al hombro, arribamos a Calí.
Fueron cuatro días rodeados de fiesta. Como siempre conociendo mucha nueva gente viajera.
Las calles de Calí por la noche son desérticas y despiertan cierto temor. La noche del viernes subimos a una chiva, estilo trencito de la costa, y nos llevaron a pasear por la noche caleña mientras el PartyBus nos llenaba las venas de alcohol. Terminando la noche en una fiesta privada en una casa.

Pero Calí pasó rápido y como una simple ciudad para irse de rumba. Nuestro viaje por Colombia comenzó el último día en Calí, el 7 de octubre. Cuando decidimos dejar el hostel para trasladarnos a Salento.

Niki, nuestra compañera de cuarto, también emprendía el mismo camino y se acopló a nosotros junto con un neocelandes para tomar juntos el bus.

Salento fue donde las ventanas que habíamos abierto se agrandaron lo suficiente para poder apreciar tal paraíso.
La primera noche conocimos a Joaco, un argentino que había estado viajando por Brasil seis meses y ahora arrancaba con Colombia.
Para nuestra suerte hablaba inglés, así que se acopló muy bien al grupo junto con Niki y Ambro.

Salento es pura naturaleza. Es salira  caminar hasta que una vista te diga ‘pará’. Mucha de la gente que habíamos conocido en Calí, nos la reencontramos y se generó una linda atmósfera. Fuimos a un coffee tour donde con Lea accedimos a hacerlo en inglés para poder pasar el momento todos juntos.
Demasiado vocabulario técnicopor momentos me dejó recalculando y pensando en las nubes.
Por la noche, hicimos una excelente barbecue para 11 personas. Australianos, belgas, alemanes, todos juntos compartiendo la cocinara para hacer unas 30 hamburguesas caseras.
Más tarde, rodeados de un fuego nos llenamos de risas con distintos juegos. Nuestra amiga Niki empezó a insistir para que agarre la guitarra y generara el típico momento de campamento, con música, fuego y montaña.
Acepté más allá de mi timidez creyendo que alguno más en la ronda iba a poder acompañarme con algunos acordes. Para mi sorpresa ningún extranjero sabía y eso dificultó el tema porque mi repertorio todavía no controla el inglés (todos sabemos que el español tampoco).
Californication pedían los australianos. You’re beatifull, Lemon Tree y más. Nos las arreglamos por un rato a cara de perro junto a Joaco. Un tema cada uno para terminar con los redonditos y el ángel de los perdedores.

Fueron cuatro noches grandiosas rodeados de paz y Niki comenzó a viajar con nosotros de manera definitiva.
Tomamos bus a Medellín junto a los australianos pero al llegar a la ciudad, emprendimos distintos caminos.

Niki es austriaca y habla bastante bien español. Es muy tranquila y le gusta más charlar con varones que con mujeres. Prefiere dormir en cuartos mixtos y compartir momentos rodeada de chicos. Como casi todas las amigas que tengo en Argentina, es un poco varoncito.
Le gusta enseñar su aleman y practicar español. Así que nos ayuda mucho para seguir aprendiendo alemán y practicar nuestro inglés. Formamos un buen equipo; Ambro, el chico neocelandes, compartió unas noches con nosotros en Medellín pero ahora siguió su camino y sólo quedamos nosotros.

Bueno, en realidad, somos nostoros tres y un yankee que se nos pegó para intentar levantarse a ella.
Así que ahí andamos, viajando con un boludo por un rato. El pibe es un aparato que no para de charlar. Pero eso lo dejaremos para otra historia.
Con Niki seguiremos viajando por un tiempo más, probablemente hasta mi cumpleaños o hasta que encontremos trabajo.

Santi
(18/10/18)

Mompiche

Mompiche acaso fue el lugar más pequeño en el que nos hemos encontrado por ahora. Tras haber estado en la inmensa Quito, el próximo punto fue el otro extremo.
Un pueblo de pescadores que dudo alcance los 400 habitantes. Como en todas las zonas costeras de Ecuador, su denominador común son las nubes. Pero el sol apareció para darnos la bienvenida y atraernos a quedarnos por un tiempo en este nuevo destino.

Hidden House fue el hostel que volvió a abrirnos las puertas, como en Montanita, para realizar nuevamente voluntariado. En este caso el tiempo estipulado fue de una semana. Con la diferencia que Mompiche se mostró como un lugar donde tus pulsaciones difícilmente puedan exaltarse demasiado.

En verdad no hay nada para hacer allí. Sólo relajarse, y ver pasar las horas del día sin sobresaltos. Nuestro tiempo de trabajo era de seis horas por día, pero realmente sólo ocupaba unos pocos minutos en limpiar los baños, cambiar alguna cama y sentarse a ver si alguien llega. Cocinar y jugar ajedrez fueron actividades que desarrollábamos mientras estábamos en turno laboral.

Mompiche nos permitió volver a abrir la mochila sabiendo que por unos días no iba a ser necesario cerrarla y volver a cargarla en nuestros hombros. Si los días en Baños terminaban temprano por la cantidad de actividades que hacíamos en el día, acá los días se cerraban a las 10pm por no haber gente para fomentar algo de fiesta.

Arrancamos la semana y tras algunos días donde en verdad no había nadie en el hostel, las energías se fueron renovando y cambiando el rumbo de nuestros días con distintos arribos. Juli, una colombiana que habíamos conocido en Mompiche, llegaba el martes para festejar su cumpleaños. Por la noche llegó Jony, un chileno que conocimos en Baños y el hostel comenzó a tomar esa vibra viajera.

Alcanzamos nuestro primer día libre y el hostel estaba esperándonos para hacer historia.
Decidimos ir a recorrer la Isla Portete, que se encontraba a 40 minutos caminando desde Mompiche.

El día anterior habían llegado Madison y Corie, una pareja de Canada (ella) y Australia (él) a quiénes habíamos conocido en Montañita y cruzado por las calles de la gigante Quito. A pesar de no ser los más dados para con el resto, encontrarnos tan seguido hizo que comencemos una relación.
Ellos se sumaron a nuestro plan de visitar la Isla y también se acoplaron una pareja que acababa de llegar y para nuestra satisfacción hablaban español, Iffa era irlandesa pero manejaba muy bien el español porque había vivido allí pero principalmente porque Migue era español y casi todo el día hablaban su lengua.

Al llegar a la isla, decidimos cruzar caminando, aprovechando que la marea estaba baja y no precisamos pagar por las lanchas que te cruzan de orilla.
En Portete hay un criadero y protector de tortugas marinas. Más de 40 nidos alrededor de toda la playa. Tuvimos el agrado y la fortuna de ver nacer a más de 20 tortugas y observar la expedición que cada una tuvo para llegar al mar que se encontraba a unos 100 mts de su nido.

El día estaba nublado, pero al rato el sol comenzó a aparecer y pintar un paraíso iluminando la arena, palmeras y mar.
Tras las tortugas, nos quedamos disfrutando el momento rodeado de personajes de película y sentirnos parte de ella, tomando unas cuantas cervezas.

Como suele hacerse cotidiano cuando estamos hablando casi todo el día en inglés, por momentos la compu se apaga y te dejas llevar por tu mente un rato.

El regreso continuo haciendo historia en el día. La familia que habíamos conocido en la playa que se encargaban de proteger cada uno de los 40 nidos de tortugas que había, nos ofrecieron subirnos a su motorhome (en verdad, una camioneta algo más chica) para alcanzarnos hasta Mompiche y conocer nuestras historias. Nos apretamos un poco y pudimos sentir como era moverse con dos hijos en una camioneta y vivir allí.

Isla Portete tenía el color blanco que solemos encontrar en las mejores playas. Todo lo contrario era la Playa Negra, a sólo veinte minutos de Mompiche. Allí como lo dice su nombre, la arena era negra y parecía una playa escondida por su completa soledad. Fue el lugar que más visitamos en la semana, festejamos ahí el cumpleaños de Juli y volvimos también con Iffa y Migue, la pareja de español e irlandesa que conocimos, jugamos un poco de beisbol con una pelota que encontramos y luego nos divertimos con unos penales de handball.

Mompiche sirvió para finalizar el camino por Ecuador. Para reflexionar y conocer la vida de un pueblo que todos los días sale al mar a buscar su almuerzo. Donde todos se conocen y pareciera que nada sucede. Donde podes detenerte por unas cuantas semanas y sentirse dentro de una capsula del tiempo sin darnos cuenta del paso de las horas.

El sol vislumbra la ruta que toca afrontar para dar paso a la expectante Colombia.

Santi
(06/10/2018)

No sé cómo pero viajo

Hoy conocimos a este loquito, protector de tortugas, que con sólo 5 años ya es un experto viajero. Hijo de un argentino y una colombiana que mantienen un lema hecho marca denominado “no sé cómo pero viajo”.

Toni no es el único fruto de su aventura viajera, tiene una hermaita de 2, que junto a su tigre acompaña a su padre en la ruta frente al volante, tocando la bocina.
Viven en su camioneta y continúan en movimiento más allá de haber formado familia, porque ese es el espíritu primordial.

No hay barreras que nos impiden hacer lo que en verdad soñamos. El alcance que tenemos es el que nos permitimos

Santi
(28/09/18)

Sumando millas

Volaron unas cuantas ciudades sobre nosotros. Distintas realidades en cada una de ellas. Montanita nos vio partir con una mochila un poco menos pesada por el extravío de unas zapatillas. Pero con muchos nuevos contactos en el celular para continuar viaje acompañados de aquellas personas que probablemente sigamos cruzando cada semana en distintos puntos de encuentro.

Los últimos días en la tierra de la fiesta y el cielo gris, pusieron paños fríos a la fiesta que nos tenían acostumbrados.
Ya sin tanta vida nocturna, los días fueron tendiendo a ser más productivos. Junto a unos cuantos amigos, fuimos a una salida de aventura, llamada Dos Mangas. La misma consistía en cruzar ciertos caminos llenos de barro, caminar alrededor de 30 minutos, para luego alcanzar unas pequeñas piscinas naturales en el medio de la sierra. Continuar marcha un trecho con mayor pendiente, hasta alcanzar la cima y poder estacionarse por un rato en un refugio abandonado.

El plantel contaba con nueve personas. Tres alemanes, dos israelíes, un catalán y tres argentinos. Fran, quien tomaba la posta como guía en la caminata, había comentado que el lugar era ‘un parque nacional y de ingreso público’ pero que anteriores veces le habían pedido distintas tasas para ingresar. Así que la idea era avanzar por el camino sin dar lugar a que los nativos quieran persuadirnos para que paguemos.
Tras bajar de la vans que nos transportó hasta la base, cruzamos el pueblo y seguíamos el trayecto de manera serena, cuando una camioneta de la policía nos alcanzó y no quiso que continuáramos con la aventura. Dos policías descendieron con dos nativos de la comunidad
– Van a tener que regresar porque no pagaron para ingresar.

Se generó una riña donde tanto Fran como Lean y quien les habla, mediamos con la policía y los nativos para alcanzar un acuerdo. Ellos no querían que continuemos debido a nuestra incorrecta manera de actuar. Mientras Fran se puso de la vereda como el detective malo, acusándolos que las anteriores veces habían querido cobrarle distintos montos, una vez $6, otra $2,50 y no había ningún cartel que indique el real monto. Nosotros buscamos equilibrar, mostrar nuestro lado mochilero y las intenciones de conocer este lugar sin querer generar problemáticas. Se generó un ida y vuelta, hasta que  accedieron a dejarnos continuar el camino, secuestrando el DNI de Fran para que en el momento que regresemos paguemos $2 cada uno.

Avanzamos unos metros y comenzó el verdadero camino de barro. Hasta allí eramos ratones que aún no habíamos alcanzado nuestra madriguera y podíamos ser cazados. La policía estaba dispuesta a perseguirnos hasta ese punto, después tomaba un riesgo pasar con su 4×4 ya que lo probable era que quedase completamente estancada. Cuando el barro nos invadió, la travesía comenzó por completo.

Dos Mangas fue la introducción a lo que unos días más tarde fue Baños de Agua Santa. ‘Baños’, fue el destino que fijamos tras la salida de Montanita.
Un pueblo completamente distinto. Alejado de la playa y a una altura de 1800mts. Rodeado de sierras, cascadas, verde, sol, aventuras y muchas actividades diurnas.
El micro nos dejó tirados allí a las 3 am, sin un rumbo claro para donde arrancar. La idea era tomarnos el bus que salía a las 23hs, para estar llegando a las 6am aproximadamente, pero al llegar a la terminal de Guayaquil nos informaron que sólo tenían ticket para las 21hs, y no tenían más cupos para el último del día. Algo que creemos que suelen hacer para llenar los buses que salen y no darte la opción de manejar los horarios a tu conveniencia.
Así que nos encontramos en el silencio de la noche, trabajando nuestra paciencia para dejar pasar los minutos sin preocupación.

11am Tebi, nuestro amigo catalán, nos despertó de la cama al grito de: – Locosss, cómo están??

Ya habíamos ingresado al hostel Great Packers, que era el punto de encuentro que habíamos acordado con él, y tras hacer el check-in nos habían permitido dormir un rato. Pero temprano recibíamos la sorpresa de estar rodeados de muchos conocidos en el hostel. Salimos disparados de la cucheta, para sacarnos una foto con unos cuantos locos que seguían camino hacia el norte y querían una foto despedida.

Baños fue pura aventura, trekking y adrenalina. Caminata de 2hs para alcanzar el ‘columpio del fin del mundo’, cascos y salvavidas para afrontar los rápidos del rafting, agua y bastante energía en las piernas para pedalear unos cuantos kilómetros en el camino de las cascadas.


Se bajaron unos cambios en la velocidad que transcurrían los días a comparación de Montanita y los momentos de reflexión florecieron rodeados de distintos paisajes.
También bajó el pulso de conocer gente. Lo que hizo que profundicemos las ya existentes.
Cinco días nos quedamos en tal pueblo con movimientos de pequeña ciudad. Para emprender camino y avanzar hasta Quito.

La capital de Ecuador fue un lugar de pasada veloz. Sólo tres noches dormimos, recorrimos un poco la ciudad. Nos reencontramos con una pareja de argentina y francés, con quienes llenamos el estómago de sonrisas y algún que otro combo de McDonald’s.
Paseamos por el centro histórico con una amiga de la mamá de Lea, que vive en Ecuador y nos recibieron de una manera grandiosa. Almuerzo con carne y chinchulines. Locales que nos mostraron la faceta histórica de la ciudad.

Pero Quito pasó rápido y sin grandes emociones para subrayar. Una ciudad enorme, en un notable crecimiento a través de la construcción del subte que permitirá una mejor comunicación entre las distintas zonas. Desde la terminal, tomamos un bus camino a Esmeraldas, para hacer conexión y llegar a nuestro próximo punto, Mompiche.

Santi
(26/09/18)

Un sonido superior al resto

El silencio atraviesa nuestras mentes.
Cuanto mayor sea la profundidad del lugar que nos rodea, más grande es el impacto que genera.

Quien no logra escuchar el silencio, nunca podrá reconocer su paz interior. Esa que nos permite que nuestros pensamientos no nos atormenten y taladren el cerebro.

Cuanto más camino, más me conozco y entiendo porque quise salir a encontrar el mundo que hay dentro mío.

La naturaleza nos entrega energías renovadoras para nuestro ser. Esas vibras no se encuentran en el pavimento, ni en la altura de un edificio. Tampoco en el amigo que cree conocerte ni en la familia que te crío.

Las fuerzas del verde salvaje, el reflejo del agua, la brisa que nos abraza, el rayo de sol que nos invade, permiten que conozcamos un poder interior del que a veces no nos creemos capaces de tener.
Cuando estoy solo rodeado de todo, me doy cuenta que nunca me encontraré en soledad.

El silencio deja que te escuches, y a veces pasamos años sin escucharnos.

Santi
(17/09/2018)

Agua en las venas

La vida corre muy rápido para detenerse a observar que sólo somos diminutos en tal inmensidad.

Recorre ríos y arroyos para llegar a tu orilla y sonreír por el camino trazado.
Siempre habrá alguien detrás tuyo que podrá observar tus huellas para alcanzarte y compartir tu vida.

Por el camino dejarás enseñanzas para los demás, también habrá fallas para que otros no vuelvan a tropezar con ellas y aciertos que podrán imitar.

Tu camino es el mismo que alguien transitó antes que vos, y será el próximo de muchos.

Santi
(16/09/2018)